viernes, 23 de febrero de 2018

AÑORANZAS



De alta alcurnia, noble de corazón por linaje y siervo de la gleba por infortunio, vio por primera vez los fértiles viñedos de Sada de Sangüesa, Vicente Baztán Rojas, hijo de Críspulo Baztán Arizcuren y Robustiana Rojas Baztán.
He aquí el árbol genealógico de nuestra familia Baztán. Hemos podido lograr estos datos debido a que:
1º Vicente nació en Sada de Sangüesa e igualmente todos sus ascendientes, remontándonos hasta más arriba del siglo XVI.
2º La Parroquia de Sada conserva, en cinco tomos manuscritos, todas las actas de nacimientos, bautizos, bodas y defunciones a partir del siglo XVI, cumpliendo a cabalidad las ordenanzas del Concilio de Trento.

Es admirable contemplar manuscritos conservados perfectamente durante cinco siglos, frente a los resguardos de cajeros que se volatilizan en menos de una semana.

Baztán viene del Valle de Baztán, palabra vasca que en castellano significa "lugar de las zarzas" (aza, aztan: zarza. -an: sitio de)

Nacimiento         Min Baztán                <--------------->  Lucía  de Monreal

18-09-1612         Juan Baztán                <---------------> María Monreal

           1647         Miguel Baztán            <--------------->Graciosa Muro

17-04-1676         Juan Miguel Baztán    <--------------->Catalina Zabalza

01-06-1755         Martín Vicente Baztán<--------------->Fermina Olaberri

25-03-1782         José Mariano Baztán  <---------------->María Istúriz

14-04-1813         Fco. Esteban Baztán   <---------------->Agapita Longás

18-04-1841         Eleuterio Baztán         <---------------->Eustaquia Urquía
 

10-06-1872       Críspulo Baztán           <.....................>Robustiana Rojas

24-05-1896        Vicente Baztán            <---------------->Ciriaca Rodrigo

Escudo de armas: Tablero de Ajedrez en blanco y negro, rematado por un casco.

Lema:                   "Generosos con los extranjeros, pero no soportamos su yugo".

                              Fue otorgado por el Rey Sancho VII el Fuerte, en recompensa a la participación                                de los baztaneses en la batalla de las Navas de Tolosa.

El Señorío de Baztán fue instituido por Sancho el Mayor de Navarra, hacia el año 1025 y entregado a Semen I Ochoániz. Su hijo García Seméniz dejó 6 hijos, uno de ellos Eneco Garcíez, Señor de Navascués y Sangüesa (1080)

Dada la proximidad de estos lugares con Sada, podemos asegurar nuestra genealogía entroncada con sus orígenes.
El hábitat de Vicente, como el de su familia, era el campo. En tiempo de siega iban a las 3:00 de la mañana y regresaban a casa a las 11:00 de la noche. Aunque por corto tiempo, yo trabajé en ese horario en el verano de 1950.

Se constituían en cuadrillas que deambulaban ofreciendo su trabajo al mejor postor. En armonía con la naturaleza y acompañados de un coro multivocal de insectos y pajarillos, ponían a temblar a las estrellas, con sus atrevidas jotas, delicias de los dioses.

La jota debe estar en plena y total consonancia con el alma del pueblo que la canta y la escucha. Según decía el padre, cuando salía de ronda, aún habiendo muy buenos joteros, ante su presencia todos le cedían el lugar. Con total correspondencia le llamaría el ruiseñor navarro, si no fuera porque así fue apellidado Raimundo Lanas.

Nuestra abuela Robustiana Rojas tenía 20 abriles cuando se casó con Críspulo. Tuvieron 10 hijos: Ramira, Vicente, Suceso, Aureliano, Tirso, Félix, Casimira, Emilia, Paca y Pedro. Cuando los chicos se hicieron mayores, toda la familia se trasladó a Aoiz a vivir, pues se había fundado el IRATI, con su aserradero y destilería, y había mucho trabajo.

Vivieron al principio en lo que fue después Casa de Arrondo. Vicente y Tirso se colocaron en el IRATI. Suceso se fue a servir a Grez; ahí se casó con una  chica del pueblo  y se quedó a vivir. Aureliano se volvió a Sada y se casó con María y se quedó a vivir para siempre. Félix se fue a Buenos Aires para librarse de ir a la mili a Africa. Se fue con dinero que le prestó su hermano y padre nuestro Vicente, con la promesa de que se lo devolvería con creces. Cuando llegó a Argentina escribió una carta. Luego de eso jamás dio señales de vida.

Ramira se fue con Engracia, una hermana de la abuela, a Zaragoza. El marido de Engracia trabajaba de maquinista del tren. Se casó con un aragonés del Alto Aragón, Casimiro, y acamparon en Zuera, en una casa cerca de la estación, hecha por el tío.

Casimira se fue a servir a Barcelona con alguna amiga, pues pagaban más que aquí. Allí se casó con el catalán Pedro Gracia. Cuando comenzó la Guerra Civil, él se fugó a Francia, pues era de izquierdas. La tía estuvo varios años en Barcelona, sirviendo. Le pagaban muy bien. Hacia el 1946, cuando se permitió la reunificación de las familias, pasó a Francia, para juntarse con su marido, en un pueblo pequeño, Seix (Ariège), cerca de Toulouse. El puso una relojería y bisutería (Horlogerie-Bijouterie).

La Emilia se fue más tarde para Barcelona y se casó enseguida con un tal Ramón. Tuvieron un hijo, Ramón, y al poco tiempo se murió el esposo. Los abuelos paternos se quedaron con el niño y ella y se puso a servir otra vez. Años más tarde se volvió a casar con un comisario de la Policía y tuvo tres hijos:Agustín, Ramón y Maruchi.

Quedaban en Aoiz solteros Paca y Pedro, y la abuela se fue a Pamplona con los dos pequeños. Vivieron un tiempo en Burlada, hasta que alquiló un piso de Domingo Eugui, en la Calle Paulino Caballero, nº 17, 3er. Piso, un piso muy espacioso: cuarto de baño con bañera, 5 habitaciones y una azotea grandísima, desde donde se oteaban las primeras construcciones del Ensanche. La abuela recibía clientes en pensión completa, para comer y dormir, y la tía Paca le ayudaba. Al tío Pedro, a los 15 años, lo contrataron en el Bar Sevilla, para trabajar en la barra.


 La tía Paquita se enfrascó con el tío Florentino (Floren) Rincón y, tras morirse la abuela se quedaron con el piso. Así como el abuelo Críspulo era un quejica, que se pasaba la mayor parte del tiempo en la cama y quejándose de todo, la abuela Robustiana era el alma de la casa. La única proeza del abuelo era haber procreado 10 muchachos. La gran virtud de la abuela, trabajar hasta lograr que todos sus hijos consiguieran su propio destino.
En uno de los viajes de la abuela a Sangüesa, acertó a comer en Casa del Cochero. Ahí estaba sirviendo una esbelta y bien plantada joven de nombre Ciriaca. Conversaron mucho y la abuela le ofreció un buen muchacho, digno de ella: su hijo Vicente. Ante tal ofrecimiento, Ciriaca no pudo rehusar. A los dos días se dio la cita y, acorde a los hechos, el casamiento no se hizo esperar.

Lo que la abuela se proponia simplemente lo conseguía.







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